FINAL DE LA RUTA. Y DESCUBRIMIENTO. GRAMSCI

Ricardo Valenzuela

Antonio Gramsci & Cultural Hegemony: Waiting on a Revolution | TheCollector 

Cuando mi mente inquieta e inquisitiva me presentaba ese infierno que se repetía por todo el mundo, en medio de tanta confusión me había llevado a cuestionarme a mí mismo. Veía políticos sin ideologías ni formación y, sobre todo, sus desbandadas de un partido a otro, no porque hubieran encontrado las ideas más lógicas y razonables, sino porque, si se les cierra una puerta, van corriendo a la siguiente para ofrecer la venta de su dignidad y su indecencia. Y, sobre todo, el ver mi país en manos de los peores criminales de su historia, debía encontrar las raíces de esa maldición. 

La primera luz la encontraría en los escritos de mi filósofo favorito, Nietzsche, el creador del Übermensch con su concepto de voluntad de poder. Ese principio a partir del cual se determinan los valores. Y debe seguirle la idea de una nueva valoración, porque, como él afirmaría, un fantasma recorre el mundo, el nihilismo como alarma ante la pérdida de los valores supremos ya archivados. La consecuencia de un despilfarro de fuerzas, del dolor de que todo fue en vano, la inseguridad, falta de oportunidad, conformismo y la vergüenza.

Pero Nietzsche había vivido en el siglo 19 y los increíbles problemas que yo detectaba eran del siglo 21. Fue cuando alguien me señaló la ruta de Antonio Gramsci y, por primera vez en mi vida, sentí haber encontrado el pestilente origen del infierno que vivimos en estos momentos. Gramsci fue un filósofo, periodista y político italiano, fundador del Partido Comunista de Italia, reconocido por sus influyentes teorías sobre la hegemonía cultural, que, el fascismo de Mussolini detectó el peligro que representaban sus ideas y, la solución simple, fue enviarlo a prisión. En prisión trataría de darle propósito superior a la detención estudiando y elaborando sus propias reflexiones políticas, filosóficas e históricas. 

Durante sus años de prisionero escribió una serie de 31 cuadernos que llamaría “quaderni del carcere”. Los escritos serían la ruta crítica para llevar al mundo al zoológico en el que ahora vivimos. Con una brillantez poco conocida, aconsejaba a sus camaradas lograr su hegemonía cultural que, con el paso del tiempo, resultara en el esquema cultural y político que se ha implantado en todo el mundo. Era su famosa marcha a través de las instituciones. En lugar de la ruta violenta de Marx, había que modificar y controlar la cultura universal y, como consecuencia, la programación de la gente sin que se dieran cuenta y así permanecieran. 

Y se escogían las herramientas: 

.) Educación, para iniciar la programación desde muy temprana edad. Se requería que el Estado tomara su control.

.) Medios de comunicación. Su papel era reforzar lo iniciado: diarios, TV, cine, música, fundaciones, objetivos específicos.

.) Arte y cultura general. Darle al programa el toque emocional de lucha de clases. Ustedes los ricos, nosotros los pobres.

.) Religión. Un oficio que la Iglesia conocía muy bien, pues lo había ejercido durante siglos. Bienaventurados los pobres.

.) La familia. Modificar la estructura con un líder totalmente entregado al programa, e inconsciente promotor del mismo.   

Las universidades ya no deberían enseñar a pensar libremente, sino qué deberían pensar. El brillante mensaje de Gramsci era que la victoria no la alcanzarían en la lucha armada como promovía Marx. La victoria la lograrían en la democracia con los votos de sociedades programadas a través de las instituciones, incluyendo la destrucción de viejos valores. Uno de los primeros resultados sería el wokkismo y su nueva gramática: “mexicanos y mexicanas”, “todes no todos”, el matrimonio entre mismo sexo, los LGBT, generales y almirantes trans, y la nueva moda, modificación de sexo. 

Así su Hegemonía Cultural sería tan exitosa que, rápidamente sentaron una nueva cultura sin que los nuevos zombis se dieran cuenta, porque ahora todo les parecía normal. Esa invisible agresión y toma de voluntades la llamarían Guerra de Movimientos. Se adueñaron de las herramientas para construir un “nuevo sentido común”, ante un John Locke revolviéndose en su tumba. Estafeta que portarían esos nuevos “Intelectuales Orgánicos”, la brujería de los magos de la programación en áreas como economía, filosofía, historia. Mientras se combatía el comunismo en Corea o Vietnam, los progresistas se adueñaban de universidades, la media, etcétera. 

En medio de esa guerra silenciosa por el control cultural, a las herramientas se les ha agregado los debutantes Facebook, YouTube, etcétera, con credenciales propias. Los gobiernos y sus propietarios, con su obsoleta demagogia, a sus ofertas, además del wokismo, le agregarían más regalos del estado de bienestar, invasiones de migrantes jodidos para abonar a esa nueva cultura incolora. Ese proceso en la cultura mexicana ha producido tantos pendejos que, con su insolente programación, entregaron el país al Peje y vitorean y admiran su destrucción. La poquita derecha real que permanece, en lugar de fortalecer cimientos, ha respondido con su identidad socialistoide en la subasta de ofertas ya sin ideología. 

Las ideas de Gramsci fueron un camino intermedio para que, ya dueños de la cultura, sus ofertas fueran aceptadas por esas sociedades ciegas e inermes. Pero, en esos enfrentamientos, como siempre, surgirían los oligarcas globalistas para ubicarse en la mejor posición. Se apoderaron de todas las herramientas de programación para, de acuerdo con la directriz de Gramsci, darle la victoria al rebaño ya controlado, y proceder con todos sus monopolios. El capitalismo había perdido su fisonomía original para darle vida a un aborto que llaman capitalismo social, el de ellos. Un capitalismo falso. 

Y entre oligarcas globalistas y las sociedades programadas, quedaban libertarios, gritones de mercados libres, profesionales del chisme, perdidos ante ese capitalismo disfrazado que, programadores profesionales, le dieran una calificación diabólica y fuera más odiado que el marxismo o socialismo. Pero ese ataque era para mantener la vieja mentira del odio entre socialistas internacionales y oligarcas globalistas, que siempre han tenido una sociedad donde ambos se benefician. Y juntos siguen avanzando en su Nuevo Orden Mundial.       

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