CONDENAR O BEATIFICAR A LOS MASONES? (PRIMERA)

Ricardo Valenzuela

 Padres fundadores: el mejor equipo nunca visto

Hace algunos años me reunía con Roberto Encinas Valenzuela, uno de mis sobrinos especiales que, con la configuración de una familia gigantesca, Roberto es de varios que me llevan algunos años. Nos reuníamos para hablar de un hombre que ambos admiramos profundamente, el tío Gilberto Valenzuela, de quien yo estaba pensando escribir un libro, y tenía la seguridad de que Roberto era una fuente de información muy especial. 

Habiendo estudiado leyes en el DF, tuvo la oportunidad de frecuentarlo durante esos años. En cierto momento de la reunión, Roberto me mira fijamente y me dice: “Mi tio Gilberto y mi tío Ricardo, tu padre, fueron hombres intachables, morales, de una integridad que ya es especie en extinción. Pero, no eran religiosos, no iban a misa y, de repente se detiene y me dice en forma de pregunta ¿no serían masones?” Y ambos nos reíamos ante su puntada. 

Sin embargo, ello me prendería la famosa llama de mi curiosidad para conocer lo que desconocía de esos masones tan cuestionados por la iglesia. Pero, a mi estilo, lo dejaría para después. Pero, ese después me atropelló hace unas semanas. Y en mis primeros avances, aquellas de huellas de la masonería que había encontrado en el nacimiento de EU y tanto me inquietaran, sobre todo saber que Washington, Franklin, Jefferson, Madison, Hamilton eran masones. Pero, al iniciar el proceso para resolver mis inquietudes, encontré algo que me ha cimbrado como muy pocas veces.

De inmediato vi claro que ese hilo intelectual que conectaba el pensamiento masónico del siglo dieciocho con la ideología revolucionaria del pais que emergia, residía en la adhesión compartida a los principios racionalistas de la Ilustración: confianza en la lógica y la razón como instrumentos de conocimiento y desarrollo económico y social, afirmación de los derechos naturales inalienables del hombre, sus críticas al despotismo y a la vieja superstición, y creencia en la posibilidad de construir gobiernos civiles basados en la libertad y contratos sociales voluntarios. 

La Masonería del periodo ilustrado, no la moderna, especialmente en sus vertientes más profundas, había incorporado un programa de reforma socioeconómica que incluía la promoción de educación pública laica, la tolerancia religiosa, la abolición de privilegios feudales y la defensa de la propiedad y sus libertades civiles, la libertad de comerciar. Estos objetivos se alineaban precisamente con los que Washington, Franklin, Jefferson y sus colegas buscaban realizarlos mediante la revolución estadounidense. 

La Declaración de Independencia de 1776, con su afirmación histórica que “todos los hombres son creados iguales” y dotados de “derechos inalienables” a la “vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, encarna una antropología política por la que la Masonería había estado transmitiendo a través de su pedagogía fraternal durante muchas décadas. Esa idea de que la autoridad legítima debe emanar del consentimiento de los gobernados, el principio fundamental de la Constitución era también un axioma de la filosofía política masónica. 

La estructura federal de gobierno con separación de poderes siempre limitados, plasmada en la Constitución de 1787, refleja un claro entendimiento de la distribución del poder político compatible con la estructura democrática que dictaban las logias masónicas, donde autoridad central y autonomía local se respetan y se equilibran mediante mecanismos de representación y contrapeso. 

Un aspecto de la ideología entre los Padres Fundadores masones y sus pares, fue el concepto de “religión civil republicana”: una república requiere de virtud, tolerancia religiosa y devoción al poder universal sin que toda la ciudadanía comparta dogmas religiosos específicos. La Masonería, con su énfasis en la “Gran Arquitecto del Universo”, la figura unificadora que respetaba diferentes denominacionales cristianas, modelaba una cohesión social que no dependía de ortodoxia religiosa. Era el Dios de Spinoza, de Einstein y de Jung. 

Este modelo masónico de pluralismo religioso institucionalizado fue gran influencia en la Primera Enmienda de la Constitución, que prohíbe al gobierno federal el establecimiento de religión oficial y garantiza libertad de culto. Thomas Jefferson, escribió claro en su Estatuto de Libertad Religiosa de Virginia (1786) unos principios que resonaban con la filosofía masónica: que nadie puede ser obligado a profesar creencia religiosa alguna en contra su conciencia, que el libre ejercicio de religión no debe reducirse por criterios civiles, y que la mejor política debe ser la tolerancia absoluta. 

La relación entre los Padres Fundadores de EU y la Masonería constituye un episodio de confluencia histórica fructífera. No fue conspirativa, ni fue accidental. Fue el resultado de que hombres libres educados en valores ilustrados, afiliados a redes masónicas que portaban esos mismos valores, se encontraron en circunstancias políticas que exigían acción revolucionaria urgente y decidida. 

George Washington, Benjamin Franklin, y sus colegas utilizaron tanto sus compromisos masónicos como sus recursos políticos, militares e intelectuales para construir una república. La Masonería les proporcionó un lenguaje ético, moral, redes de coordinación, y modelos de organización democrática. La revolución de EU, a su vez, proporcionó a la Masonería occidental un modelo de cómo una sociedad fraternal pudo participar en una transformación política constructiva. 

Este intercambio entre institución masónica e ideología republicana enriquecería tanto la historia de la Masonería como la de la democracia occidental. Ilustraría que grandes transformaciones sociales emergen de convergencias entre movimientos de ideas, estructuras organizacionales y liderazgos comprometidos. La lección histórica no es que la Masonería cause revoluciones, sino que instituciones dedicadas a fraternidad, la ética, la razón y progreso pueden canalizar efectivamente energías hacia construcción de órdenes políticos más justos y libres.

La arquitectura conceptual de la república estadounidense, federalismo, separación de poderes, derechos inalienables, tolerancia religiosa, forjada por hombres de los cuales muchos eran masones, testifica la vitalidad intelectual y moral que la Masonería aportó a la era revolucionaria. En este sentido, los Padres Fundadores y la Masonería se identifican en la historia no como conspiradores ocultos, sino como partícipes visibles de una transformación política que cambió el curso de la civilización occidental.

 

VEREMOS EL DESARROLLO EN LA SIGUIENTE

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