Ricardo Valenzuela
Hace algunos años me reunía con Roberto Encinas Valenzuela, uno de mis sobrinos especiales que, con la configuración de una familia gigantesca, Roberto es de varios que me llevan algunos años. Nos reuníamos para hablar de un hombre que ambos admiramos profundamente, el tío Gilberto Valenzuela, de quien yo estaba pensando escribir un libro, y tenía la seguridad de que Roberto era una fuente de información muy especial.
Habiendo estudiado leyes en el DF, tuvo la oportunidad de frecuentarlo durante esos años. En cierto momento de la reunión, Roberto me mira fijamente y me dice: “Mi tio Gilberto y mi tío Ricardo, tu padre, fueron hombres intachables, morales, de una integridad que ya es especie en extinción. Pero, no eran religiosos, no iban a misa y, de repente se detiene y me dice en forma de pregunta ¿no serían masones?” Y ambos nos reíamos ante su puntada.
Sin embargo, ello me prendería la famosa llama de mi curiosidad para conocer lo que desconocía de esos masones tan cuestionados por la iglesia. Pero, a mi estilo, lo dejaría para después. Pero, ese después me atropelló hace unas semanas. Y en mis primeros avances, aquellas de huellas de la masonería que había encontrado en el nacimiento de EU y tanto me inquietaran, sobre todo saber que Washington, Franklin, Jefferson, Madison, Hamilton eran masones. Pero, al iniciar el proceso para resolver mis inquietudes, encontré algo que me ha cimbrado como muy pocas veces.