VIEJA NARRACIÓN REVIVIDA. YO SOY (TERCERA)

Ricardo Valenzuela 

The Stoics Are Wrong - Nietzsche, Schopenhauer | Philosophize This! with  Stephen West (#237) • Podcast Notes “El ignorante siempre afirma, el sabio duda y reflexiona”. 

                                Aristóteles 

El proceso que he llevado a cabo en búsqueda de lo que realmente pudiera ser arma superior en un mundo que ha mantenido la etiqueta de su destrucción, descubriera algo clave desde su inicio, pero me tomaría tiempo para, como los buenos arquitectos, poder ejecutar lo que sus mentes dictarían, primero, plasmado en sus planos. Y, segundo, lo más importante, esos constructores especiales que hacen realidad las ideas porque, además de sus títulos profesionales, son también propietarios de los elementos creadores de esas bellas realidades, su impresionante maquinaria con toda la sabiduria profesional para usarla. Y así nacen sus obras maestras. 

Ha sido una ruta larga, porque, lo que sentía necesitar, no era algo que se vendiera acudiendo a Uber sobre pedido. Era algo que podía visualizar, pero no podía darle nombre. Era algo muy individual, de gran escasez, de facciones claras en los pocos seres que lo portaban, no los que la fingen. Increíblemente conocía a dos de esos portadores sin haberlos dictaminados. Eran dos hombres que mucho admirara y tuve la suerte de verlos actuar. Mi abuelo materno Manuel P Torres, y mi tío Gilberto Valenzuela, hermano de mi padre 20 años mayor, quien se lo habría llevado a Europa.

Afortunadamente, alguien, del mismo calibre, me ayudaría a identificarlos como portadores del preciado producto. Me dirigía con habilidad al pedirme una lista de hombres que admirara, y luego subrayar a los qué admiraba casi con devoción haciendo la lista corta. Y habiendo ya seleccionado a esos dos, me presionaba para darle nombre al conjunto de virtudes de esos hombres y, casi con la presión de los militares, me gritaba repitiendo ¿Cómo se llama eso? Hasta que de forma increíble le respondía con un grito de igual potencia ¡sabiduria! Algo muy diferente a inteligencia. Y entonces mi coach me decía. “Ahora debes de buscar esa sabiduria”. 

Hay gente con mucha información, pero, sin tener ese gran tesoro, saber pensar, no les sirve para nada. Solo los que han aprendido a usar las herramientas de esa potencia infinita que nos da nuestra naturaleza, se dan cuenta que siempre han estado en medio de esa humanidad que, en general, está formada por animales descerebrados que se manejan a base de instintos. Y que mejor maestro podría conseguir ante tal situación, que el gran Schopenhauer con sus ocho lecciones para poder tratar y sobrevivir entre tantos pendejos. 

La primera es siempre observar profundo antes de decidir. Los hombres de mentes fuertes que comandan siempre observan, analizan, detectan, alimentan su cerebro con lo analizado, para entonces decidir. Solo de esa forma se puede identificar a los que forman parte del rebaño de animales cuajados con defectos, y darles la etiqueta roja repelente de seguros causantes de problemas. Y como afirmaba un gran filosofo, puedes ver mucho con solo mirar. 

La segunda es no creer de inmediato lo que tu mente te dice. Porque la mente, como todas las del mundo, a través de los siglos ha estado expuesta a mandamientos, dictados, controles y eso deja secuencia. No siempre te estará sugiriendo lo que necesitas. Hay que cuestionar a sus mensajeros, los pensamientos. Y continuar preguntando como los severos fiscales en los juicios. Duda lo que debas dudar, pero nunca dudes de ti. Porque dudar es el inicio de la sabiduria. Y como el sabio dicho árabe; “confía en Ala, pero amarra tu camello”. 

La tercera es no pretender caerle bien a todo mundo. Debes llegar a manifestar esa actitud indicando que no te importa lo que la gente piense de ti. Porque si dependes de eso, estarás listo para el asalto de los sapos bandidos y traicioneros. No necesitas programas de relaciones públicas, son solo para alimentar tu ego, tu actitud debe ser del arrogante fino. Y que tu producto es valioso no importa que en lo personal te desprecien. Además, las probabilidades te indican que ellos son los ineptos y te necesitan más que tú a ellos. Cuando me deshice de lo que yo era, me convertí en lo que hoy día soy, y así pude asomarme al pozo de esa sabiduria.    

La cuarta es aprender a callar. Los que, por el motivo que sea, hablan más de lo que debieran, sin darse cuenta se desnudan ante el mundo. No necesitas insistir en tus puntos de vista, las transacciones entre personas deben ser parcas, no concursos de simpatía. Porque, si ya has avanzado en la ruta del sabio, habrás también escalado a ese nivel muy superior al del resto del mundo. Tu ya debes ser el conquistador, ellos son principiantes. El silencio es la grandeza, lo demás es solamente debilidad. Y si realmente quieres causar buena impresión a la gente, guarda un silencio ceremonial. 

La quinta es dejar de confundir deseo con necesidad. Todos piensan necesitar algo para ser feliz y, al satisfacerlo, surge uno nuevo. Pero, si se sigue el consejo del gran Marco Aurelio, la felicidad no es tener tantos satisfactores, sino llegar a tener menos necesidades, no por capacidad de pago, sino por lógica. Las necesidades son carencias o escasez que el ser humano busca remediar, mientras que los satisfactores son los medios, objetos, conductas o servicios que se demandan para cubrir dichas necesidades que los piratas monopolizan.     

La sexta es no intentar siempre ganar las discusiones. Quien tiene sabiduria porta el poder que desarrolló durante largo tiempo, y el nivel de ese desarrollo es superior y nada se gana argumentando con descerebrados, pues son mayoría. Porque no hay evidencia superior que pueda convencer a un salvaje ignorante. Y al discutir con un pendejo, se corre gran peligro porque esa discapacidad es contagiosa. 

La séptima, es buscar la soledad, porque es el lugar donde se encuentran los grandes tesoros. Su alumno Nietzsche afirmaba, es necesario experimentar una profunda soledad, porque solamente en medio de esta implacable experiencia se es libre para pensar más creativamente y para descubrir nuevos mundos. El mismo Schopenhauer lo describía así: “Los grandes hombres son como las águilas, siempre construyen sus nidos en las grandes alturas de la soledad”.  

 Con estas reglas Schopenhauer pudo vivir en un mundo que detestaba y, sobre todo, se las trasmitió a su heredero y admirador, Nietzsche, para definir el poder de la sabiduria como la legisladora de la razón. Ambos coincidían con Marco Aurelio al definir al hombre sabio como esa roca contra la que se estrellan las olas y nunca la han podido perturbar. Una túnica a la medida del superhombre de Nietzsche, que también sobrevivió y sus advertencias se cumplieran. 

La octava queda pendiente y es el mejor.

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