Ricardo Valenzuela

El día de ayer, en medio de eventos como el final del campeonato mundial de futbol, los vientos de guerra superior en Iran y en la agraviada Ucrania, tuve una de esas escasas experiencias que debo de calificar con una etiqueta superior para no describirla solo agradable, y siento que debo utilizar una palabra que describa su verdadera medida, pues fue “iluminadora” al revivir una esperanza. Recibí la llamada de una persona con la cual he tenido breves intercambios a través de las redes, es decir, nunca lo había conocido personalmente, pero, en esos intercambios, surgiría una chispa que me pareció era alguien interesante.
Me informaba estar llamando por sugerencia de mi sobrino Pancho Burquez Valenzuela, lo cual era aval suficiente para darle toda mi atención, pues tengo gran afecto y admiración por Pancho. La conversación, que fue muy profunda, se iniciaba con temas políticos del Mexico agraviado que fueran los preparativos para, a cierto punto del intercambio, arribáramos a temas espirituales los que, por su dimensión, soy muy selectivo para hacerlo y, sobre todo, con quien hacerlo, pero igual, ese aval de Pancho era suficiente y con toda confianza le abría las puertas pues, además, con los primeros intercambios de palabras, con el sonido de su voz me di cuenta era alguien especial.