Ricardo Valenzuela
En estos momentos, al terremoto que ha destruido Venezuela se le agrega otra potente explosión, no provocada por otra ronda sísmica, sino por las fotos que surgen mostrando a los dos representantes de EU, su encargado de la diplomacia y, sobre todo, el líder del comando militar del sur, en compañía del narcoterrorista Diosdado Cabello, provocando gran indignación, no solo en Venezuela, sino a nivel mundial. Puesto que es difícil entender el por qué un criminal con una recompensa sobre su cabeza de $25 millones acusado de crímenes de lesa humanidad, aparezca en la foto.
Y, como es natural, explotan también las diferentes interpretaciones, no solo de la media profesional de Nueva York y Londres, sino ahora de infinidad de autodeclarados analistas surgiendo en YouTube y demás, en donde desfilan amigos y enemigos de Trump. Los más ofendidos aseguran que Trump ha traicionado a Venezuela. Otros opinan que Trump ha sido extorsionado, amenazado, o traicionado por su misma gente como sucedió en su primera administración cuajada de traidores profesionales.
Pero, en esta cena de apaches, surge una versión que me parece es la mas acertada. Aunque sus cercanos colaboradores callan, como debe ser en situaciones complicadas, los escasos analistas profundos lo detectan como una estrategia especial y bien pensada, en medio del apocalipsis que ha causado una destrucción verdaderamente dramática. Así, en estos momentos la prioridad número uno ha sido enfrentar esa destrucción, lo que ha obligado a ejecutar tareas para, utilizando todas las fuerzas disponibles, dar alivios a esa tragedia donde la gente sufre llorando a sus muertos, sufre de hambre, de heridas sin atención.