Ricardo Valenzuela
Durante mucho tiempo había yo escuchado el surgimiento de dos escritores franceses ganadores del premio Nobel de literatura, dos hombres que habían vivido y actuado en aquel siglo 20 de la explosión de movimientos socialistas que, de forma especial, se presentaban en aquella Francia de 1968. Expresiones de una potente protesta exhibiendo una agresividad no vista que le diera etiqueta de inevitable, una fuerza que había reclutado a JP Sartre y Albert Camus cargando con toda su fama, su reputación y un valioso aval. Ese socialismo que, inclusive, en EU, faro del capitalismo, Nixon, después de establecer control de precios, afirmara; “ahora todos somos socialistas”.
Ante ese panorama, los dos pensadores serían imán que atraía elementos importantes de la sociedad. Dos genios literarios que al movimiento le abrían importantes avenidas al identificarlos como sus abanderados. Por mi gran desprecio del socialismo, siempre me había mantenido alejado de las obras de estos laureados escritores. Sin identificar la causa, repentinamente me invadía un extrañó interés por uno de ellos, Camus, tal vez sería que alguien me retaba para leer una de sus obras, sin cambiar la idea que yo me habia formado de este hombre que me lo describía como muy diferente.
Inicié esa tarea hace unos meses pensando, estoy seguro de que este comunista, en las primeras paginas de su libro, me confirmará todo lo que, irresponsablemente, me llevaría a condenarlo sin elementos, para rechazar automáticamente sus ideas y abandonar mi asignatura habiendo cumplido con mi amigo. Pero, el conocer a este hombre ha sido un proceso verdaderamente iluminador, diferente y sorpresivo, que me ha provocado una admiración especial. Un hombre nacido en Argel, colonia francesa en Africa, de padre francés y madre española. Que, a diferencia de Sartre, había nacido en la pobreza, el clásico nido para el socialismo.
Sin embargo, Camus desde su niñez habia desarrollado el espíritu de una compasión especial, no impulsiva, inteligente. Con grandes sacrificios iniciaba su educación hasta lograr su ingreso a la Universidad de Argel para estudiar filosofía, en un ambiente donde se mezclaban franceses, españoles, árabes con toda la riqueza de esas culturas. Mi interés explotaba al enterarme que su pensamiento se desarrollaría bajo el influjo de los razonamientos filosóficos de Schopenhauer, Dostoyevski, Nietzsche, y Santo Tomas de Aquino. Lo que me diera la plataforma para entender la metamorfosis de sus ideas.
Hizo sus estudios en la escuela primaria donde fue alentado por sus profesores que detectaron su inteligencia superior, especialmente por Louis Germain, a quien guardó total gratitud, hasta el punto de dedicarle su discurso del Premio Nobel y Jean Grenier, en el instituto, quien lo inició en la lectura de los filósofos, y especialmente le dio a conocer a Friedrich Nietzsche y sus obras como Voluntad de Poder, Genealogía de la Moral, la Trasmutación de Valores.
En la Universidad de Argel, se había graduado con una tesis sobre la relación entre el pensamiento clásico griego y el cristianismo a partir de los escritos de Plotino y, sobre todo, san Agustin, autor de dos de las obras más importantes del cristianismo, Confesiones y la Ciudad de Dios. Un santo que durante siglos ha sido refugio y respuesta para católicos confundidos, una figura que Camus citaba como su inspiración.
En cierto periodo de su vida se supone construiría la base del pensamiento filosófico conocido como absurdísimo, si bien en su texto El enigma, el propio Camus reniega de la etiqueta de “profeta del absurdo” y no lo acepta como una clasificación apropiada. Pero, esas ideas de Camus me han parecido casi idénticas al nihilismo de Nietzsche, con su sentimiento del desperdicio de fuerzas para abrazar la mediocridad. Y también maneja el concepto del individualismo similar al de Nietzsche.
Al final de la segunda guerra mundial, los socialistas empezaron a mostrar un rostro que Camus nunca aceptó, y que lo enfrentaría con sus radicales e, inclusive, destruyera su larga amistad con Sartre. Cuando Camus había caído en un especial nihilismo donde no encontraba sentido a su vida. Ese sentido se lo daba su rebelión contra al mal en la guerra. Y con la guerra ganada, el surgía con una brillante idea para la reconstrucción de Europa ya en medio de la paz, disentía de los sedientos de sangre con sus odios listos para la siguiente carnicería al estilo las masas de la revolucion francesa.
Lo atacarían tachándolo de tibio, traidor. El advertía con sabiduria que, si se permitía llevar a cabo venganzas y, sobre todo, establecer una nueva tiranía, se abría la puerta a que los triunfadores se convirtieran en los nuevos opresores. A la amenaza alemana la llamaría la Peste, pero ampliaba el significado para incluir los nuevos tiranos envenenados con la victoria queriendo que ese triunfo les redituara el sustituir a los tiranos derrotados. Afirmaba que la grandeza debía reinar en la paz.
Que la responsabilidad de los triunfadores era superior a lo que los habia llevado a la guerra. Pero, el poder en manos de los carniceros era simplemente cambiar de fecha para la instalación de la misma tiranía o, tal vez, podría ser peor. (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Mexico) En 1948 sería introducido al movimiento libertario. Y en 1951, publicó su ensayo El Hombre Rebelde, el cual provocó enfrentamientos con marxistas. Camus, describía a ese hombre rebelde como individualista, solitario, que cuestiona con profundidad doctrinas y dogmas del socialismo, el comunismo y el marxismo, para afirmar que el marxismo era una doctrina fracasada, una utopía y una nueva religión falsa.
Camus coincidía con Sartre pues ambos afirman el mundo sin sentido (el nihilismo de Nietzsche) donde no hay un objetivo o propósito que se le diera al hombre de alguna fuerza foránea; Nietzsche fue su influencia y su ejemplo del ubermensch que construye su propio objetivo junto con sus valores personales. Camus sostenía que este filósofo representaba el advenimiento del nihilismo, y que pudo ver al ser humano como el único capaz de apropiarse de este nihilismo y moldearlo.
Camus dejó una gran contribución a la literatura y al pensamiento contemporáneo. Su obra reflexiona profundamente sobre la condición humana, la libertad y la responsabilidad individual, destacándose en novelas como El extranjero y La peste. Murió joven teniendo mucho que aportar. ¡Qué gran aventura ha sido conocerlo!
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