Ricardo Valenzuela

El día de ayer, en medio de eventos como el final del campeonato mundial de futbol, los vientos de guerra superior en Iran y en la agraviada Ucrania, tuve una de esas escasas experiencias que debo de calificar con una etiqueta superior para no describirla solo agradable, y siento que debo utilizar una palabra que describa su verdadera medida, pues fue “iluminadora” al revivir una esperanza. Recibí la llamada de una persona con la cual he tenido breves intercambios a través de las redes, es decir, nunca lo había conocido personalmente, pero, en esos intercambios, surgiría una chispa que me pareció era alguien interesante.
Me informaba estar llamando por sugerencia de mi sobrino Pancho Burquez Valenzuela, lo cual era aval suficiente para darle toda mi atención, pues tengo gran afecto y admiración por Pancho. La conversación, que fue muy profunda, se iniciaba con temas políticos del Mexico agraviado que fueran los preparativos para, a cierto punto del intercambio, arribáramos a temas espirituales los que, por su dimensión, soy muy selectivo para hacerlo y, sobre todo, con quien hacerlo, pero igual, ese aval de Pancho era suficiente y con toda confianza le abría las puertas pues, además, con los primeros intercambios de palabras, con el sonido de su voz me di cuenta era alguien especial.
Hablamos de los evangelios gnósticos, de los originales de Nicea, de los intocables de Etiopía, de la figura de Jesús de Nazaret y mi creencia de que había sido el gran experto en física cuántica, algo que reforzaría Carl Jung después de su viaje a Etiopía y, según él, la inspiración para su nueva psicología cuántica del alma. De lo que hubiera descubierto Spinoza que le valiera su excomunión con su concepto de naturaleza divina, de las ideas de Nietzsche describiendo la caída del cristianismo, pero seducido por las ideas de Spinoza que, de forma increíble, sedujeran también a Einstein al afirmar; “yo creo en el Dios de Spinoza”. De la posibilidad de tener política y religión juntas, pero no revueltas etc.
Después de solo unos minutos de conversación, confirmaba mi primera impresión de estar frente a uno de esos seres a los que yo describo como especiales, pero, cada vez más escasos, pues, en mi opinión, son una especie en peligro de extensión en medio de unas sociedades destructivas. Un ser humano profundo, inteligente, modesto, bien estructurado, muy completo y, sobre todo, con una ruta ante él muy clara tanto en su jornada como en su destino, pero una ruta rectificada para lo que se requiere de inteligencia y gran valor.
Le llamaba la atención el que le comentara que había evidencias muy claras de la estancia de Jesús en el Tibet, en donde había aprendido secretos desconocidos por el mundo. Algo que un escritor ruso lo había llevado a escribir un libro del tema, pues, en un viaje a esos lugares, habia sufrido un accidente en medio de la nada, y fuera rescatado por unos monjes que lo tuvieran en su convento durante meses recuperándose, y fue en ese lugar donde tuvo acceso a la ancestral información que lo demuestra.
Un poco antes de darle fin a la conversación, después que me describiera el proceso que había seguido para su conversión a lo que ahora fuera el nuevo cimiento de su vida, sin que yo de alguna forma lo provocara, me decía que durante unos 20 años habia transitado esa difícil ruta hacia el conocimiento del verdadero liberalismo, que ya manejaba con nítida claridad todos sus conceptos, leyendo todos los escritos que yo hubiera producido por lo que me consideraba su tutor intelectual. Puesto que, en mis escritos habia llegado a conocer ese liberalismo de Adam Smith, de Locke etcétera. Pero mi gran sorpresa fue al decirme que parte del motivo de su llamada era para agradecerme el haber generado esos escritos que lo habían seducido.
Y estaba yo recibiendo ese celestial regalo de la gratitud, después que en dias anteriores sufriera la decepción de sentir haber dedicado tanto tiempo a esa actividad que muy pocas veces llevo a cabo, el dirigir a quienes tuvieran esas inquietudes para conocer esa rama de la economía, filosofía, de su historia que, habiendo sido tan exitosa, estaba muriendo. Porque, después de las agresiones que sufriera durante siglos, habían dejado estos conceptos tan averiados y difamados, que casi los habían destruido. En este caso muy personal, pensando haber avanzado en lo que confundiera con apertura de mente, lo que trataba de que se analizara, se entendiera y, si satisficiera, fuera aceptado para darle seguimiento, repentinamente era rechazado.
Esta experiencia sería una de esas ocasiones que viviera lo que Bolivar, decepcionado del fracaso de sus esfuerzos, afirmara: “siento haber estado arando en el mar, tratando de recoger la lluvia con mis manos”. Esos ratos en los que, como les sucediera a Spinoza y a Nietzsche, el haber dedicado sus vidas por unas verdades tan evidentes, fueran luego rechazados violentamente, y ambos morían frustrados sin tener idea que, después de sus fallecimientos, sus obras alcanzarían la inmortalidad. Pero, en mi caso, no me estoy muriendo, ni estoy sintiendo haber arado en el mar, ni haber desperdiciado la buena semilla en un campo seco. Porque, como siempre lo he afirmado yo, como Marco Aurelio, escribo para mí mismo y mi paga es lo que siento.
Porque en un mundo de tantas confusiones provocadas, la incomprensión, más que la imposibilidad de comprender es la imposibilidad de sentir nuestro reino interior donde mora la sabiduria nunca encontrada. Y como lo afirmara Jesucristo; “porque esos que viendo no ven, y esos que oyendo no oyen y tampoco entienden”. Hemos arribado a esta triste etapa en la que lo más incomprensible del mundo es que sea comprensible. Todo ese proceso me ha llevado a darme cuenta de que la verdad es el mejor camuflaje. ¡Nadie la entiende ni quieren entenderla!
Habitamos en este mundo en que todos piensan en cambiarlo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo, y seguimos atrapados en las viejas cadenas sin dejar de gritar, feliz año nuevo, en el que cambiaremos. Y los que pretendemos aportar algo para que la gente salga del engaño eterno, si logramos que solo uno lo entienda y actúe, nos sentimos bien remunerados. La llamada que ayer recibí ha sido algo que me produce gran orgullo al sentir, que algo se ha logrado. Y, finalmente, cuando se rechazan buenas ideas en política, se prepara la toma del fascismo.
Sus escritos dan luz en un mundo que está en la penumbra del ocaso, si no hacemos lo que debemos y podemos hacer en nuestras circunstancias , el seguir la verdad y servirla.
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