Ricardo Valenzuela
Una de las lecturas más inspiradoras que me he encontrado durante mi jornada, fue ese pequeño librillo del autor británico James Allen titulado “Como piensa el hombre”, cuya premisa fundamental es sencilla y complicada al mismo tiempo: La mente es la creadora de nuestras circunstancias, cada ser humano es el único artífice de su propio destino según lo que elige pensar y actuar. Es decir, los pensamientos de los seres humanos son los que forman su carácter, su salud, su entorno y toda su vida.
Y una sección del librillo me sedujo de forma especial cuando leía: “Solo cavando y cavando en lo más profundo es como el hombre encuentra el oro y los diamantes”. Fue cuando sentí había descubierto uno de los secretos mas importantes de la vida. Una sola frase que invitaba a eso; a cavar mucho más profundo, pero, eligiendo bien el lugar donde debería cavar y, sobre todo, elegir las herramientas que debería utilizar. Y cavando iniciaba una jornada diferente buscando entender algo tan complicado como la conducta de la mente humana.
Y como economista amante de la libertad, apuntaría hacia el campo de aquella era donde hiciera su debut la economía libre de Adam Smith y, por supuesto, siempre ligada a la política. Durante el siglo 19, el ímpetu de lo bautizado como libertario continuaba, originalmente conocido como liberal. Los movimientos heredados de Jefferson y Jackson, los partidos republicanos y demócratas, con gran entusiasmo operaban por la virtual eliminación del gobierno tratando de montarse en la espalda del ciudadano.Dibujaban un gobierno ideal sin ejército o marina activos, un gobierno sin deuda, sin impuestos federales directos ni especiales, sin tarifas de importación, con niveles de tributación y gastos insignificantes. Que no se involucrara en obras públicas ni obras de mejora interior, un gobierno que no controlara ni regulara, que permitiera el dinero y la banca operaran en una competitiva libertad, sólidos, antinflacionarios. En pocas palabras, un gobierno que por muy poco escapara de ser considerado eso, un gobierno. Ese conjunto había provocado el milagro de EU durante el siglo 19.
Y es cuando surge la pregunta ¿Qué fue lo que sucedió para provocar un cambio tan patético? ¿Dónde había fenecido el sueño de los fundadores? Lo primero que debemos puntualizar, es que este “liberalismo clásico” desde su inicio se había constituido en una gran amenaza para los grandes intereses económicos y políticos ya enraizados en toda Europa—la clase controladora—que se había beneficiado del Viejo Orden: El Rey y su familia, nobles y terratenientes aristócratas, comerciantes privilegiados, la iglesia, la maquinaria militar, las burocracias estatales. El feudalismo centenario.
Fue cuando nacía el conservadurismo como atentado para destruir la odiada operación del nuevo espíritu del liberalismo clásico de EU—el de Adam Smith—Un movimiento liderado por dos reaccionarios franceses, Bonald y Maistre, con la idea de remplazar igualdad ante la ley, con el mandato de la estructura jerárquica de las elites privilegiadas, paz con guerra para la industria militar, el gobierno acotado con Gobierno gigante, paz global y comercio libre con militarismo, mercantilismo sería el impulso de la gran nación-estado. Y para lograrlo, primero debian esclavizar las mentes.
De forma especial nacía “esa derecha” geográfica, puesto que inicialmente sus miembros ocupaban el lado derecho del congreso durante la revolucion francesa y, midiendo la dirección del viento, cambiaban de rumbo y su credo estatista, así le daban gran potencia a su nueva oposición frontal y agresiva al industrialismo y al sufragio democrático. Los nuevos conservadores sustituyeron el gran desprecio siempre manifiesto del viejo conservadurismo hacia la masa del público, por la esa nueva política de engaño y la demagogia. El nuevo conservadurismo agitaba las masas gritando con hipocresia.
“Nosotros también apoyamos industrialismo y altos niveles de vida. Pero, para lograrlo, debemos regular industrias y negocios para el beneficio de la gente, debemos sustituir organizaciones de cooperación mutua por el perro como perro del nuevo mercado libre y, sobre todo, debemos ser sustitutos de los que estaban destruyendo los principios liberales de paz y libre comercio para glorificar medidas de guerra, proteccionismo, imperialismo y poderío militar. Pero, para lograr estos cambios requerían un Estado muy diferente al que se ha tenido, uno de gran tamaño y para allá vamos”.
Así a inicios del siglo 20, retornaba el estatismo, el gobierno agigantado, pero en ahora portando la máscara de promoción industrial, pro-bienestar social, capitalismo compasivo. Regresaba el viejo orden, pero con diferentes beneficiarios, ya no era solo la nobleza, señores feudales, empresarios consentidos. La nueva derecha había inventado su colectivismo basado en la guerra, el militarismo creciente, proteccionismo y la cartelización de negocios. Una gran red controladora y reguladora, de subsidios y privilegios forjando la pecaminosa sociedad de gobierno gigante con los elementos favorecidos de negocios. Y monopolios.
Y ante esa realidad, ahora la lucha era convencer a las sociedades que la tiranía era mejor que la libertad, que privilegios cartelizados y manipulados, el feudalismo industrial, era todo mejor para el consumidor que el mercado libre y competitivo, que los monopolios estructurados que, con cinismo y descaro, se formaban con bandera antimonopolio, eran necesarios. Que la eterna guerra y el creciente gigantismo militar, negocio de las elites, era realmente en el interés y beneficio de los soldados, de la gravada, y a menudo masacrada, población.
Para establecer con permanencia su novedad, debieron crear el Nuevo Orden modernizado con el disfraz de aquel ancestral régimen antes de las revoluciones. Ahora las nuevas elites tenían al frente algo difícil tratando de diluir su mensaje de una inmoralidad manifiesta, una estafa que está todavía presente. Y la mejor estrategia fue provocar esa gran confusión que ya no se sabe quién es socialista, libertario, comunista, mercenarios. Pero, muchos ya apuntando hacia los políticos cantinflescos.
El gran Mises atestiguando esta negación de la lógica y razón, predijo que, ni el socialismo ni cualquier otra variedad intermedia de intervencionismo podría ser exitoso. Pero desgraciadamente situaciones congeladas son provocadas y mantenidas con herramientas tiránicas. Pero, la humanidad tiene sabiduria cubierta del polvo de una eternidad. Y en su momento llegará alguien con el plumero para sacudirla y emerja su conciencia y el valor.
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