Ricardo Valenzuela

Los resultados de la elección de ayer, para mí, ha sido una ráfaga de viento cimbrador y la oportunidad de llevar a cabo una reflexión, no dudando de mis profundas convicciones de libertad en toda su magnitud, física, social, intelectual, espiritual, tampoco de mi apoyo total al presidente Trump en sus esfuerzos apasionados para salvar un paciente, que tal vez no tenga remedio. Sino para llevar a cabo una revisión de antecedentes y, una vez más, acudir a la historia de cómo se ha postrado al pais en esta grave encrucijada que, muy seguido, me lleva a pensar no tiene solución porque sigue en manos de los políticos y todos son iguales, ineptos y corruptos.
El resultado de la elección, para quienes no tengan el cerebro paralizado, es abrir las puertas a quienes son los herederos de la ruta hacia la servidumbre que se arreciara desde la primera parte del siglo pasado, celebrando dos de sus victorias más importantes. El establecimiento del Fondo de la Reserva Federal, y la activación del anticonstitucional impuesto sobre la renta—prohibido por la constitución, asegurando era temporal para los gastos militares de la primera guerra mundial y allí lo tienen todavía.