Ricardo Valenzuela
“En la casa
del hombre rico no había donde escupir, así es que le tuve que escupir su cara”.
Diógenes de Sinope
En esta etapa de mi vida, esta vida ya apuntando hacia una fecha muy especial, del aniversario un evento que estaré celebrando en unos meses y este año apuntando a su final. Así antes de esa fecha me autoelijo como favorecido por estos años de paz, de mucha reflexión, de una bendita soledad y, sobre todo, un desarrollo personal, espiritual, intelectual, que me ha dado una nueva perspectiva de la vida y sus diferentes capítulos.
Y con esta mente producto de estos años que buena parte han sido en medio de esa hermosa soledad, quiero iniciar una serie de revelaciones de lo encontrado en esos desconocidos niveles de conciencia, que ahora entiendo en esas lecciones cuánticas desde Carl Jung, Spinoza, hasta los filósofos de su permanente fiera critica de la humanidad, con razones irrefutables, Diogenes de Sinope, Schopenhauer y, sobre todo, el gran Nietzsche. Todos despreciados porque nos señalaban las incomodas verdades como Diogenes al afirmar; “¿De qué sirve un filósofo que no hiere los sentimientos de nadie?”