Ricardo Valenzuela
Debo iniciar esta nota hacienda una afirmación. Yo no soy escritor profesional, soy solo un hombre que ha tenido la oportunidad de vivir, como alguien me lo señalara hace ya muchos años, una aventura de gran intensidad en diferentes paises, en ciertas actividades y en diferentes tiempos. Lo que me ubicaría en primera fila de ese teatro donde se han desarrollado acontecimientos globales que, sin lugar a duda, han moldeado este mundo con intenciones que muy pocos han llegado a interpretar con puntería
Ello me despertaría una compulsiva necesidad de encontrar respuestas a infinidad de interrogantes que, para mí, eran situaciones que no les encontraba sentido, lógica, ni alguna otra forma de razonamiento que las sustentara. Y satisfacía esa necesidad devorando información, pero, no la clásica, sino la que encontrara después de años explorando un bosque donde se nutren los grandes engaños, se refinan, para así entregarlos a segmentos que los utilizan. Los haría a un lado para finalmente encontrar esas verdades tan camuflajeadas.
Pero, no pude encontrar respuesta a lo que jamás he podido entender, tanta gente actuando como zombis irracionales que casi dan la vida por algo tan ridículamente defectuoso, falso, peligroso, una afrenta a la razón y, sobre todo, las formas que utilizan en sus histerias recitando datos totalmente falsos, en lo que pareciera que ni ellos los creen. Ese cinismo con el que vomitan sus mentiras sin titubear, dictan números, porcentajes, niveles falsos, estadísticas, pues total, después pueden utilizar la defensa del Peje; “yo tengo otros datos”, y pasan a fabricarlos con una sorna insultante.
Y en esa búsqueda, como siempre lo afirmo, le he dedicado gran tiempo a conocer el milagro que sucedió en EU cuando, al iniciar su vida republicana, en cien años se convirtieran en el pais más rico y poderoso del mundo, desplazando al Imperio Británico que, el alcanzar ese nivel, les habia tomado más de cinco siglos, entonces, debía conocer el secreto del nuevo pais. Lo primero que se me develaba, era que toda la filosofía política del nuevo pais había sido inspirada por un filósofo llamado John Locke. Eso incluía su Declaración de Independencia, su Constitución, Declaración de los Derechos Individuales y formar un gobierno sobrio y supeditado a la gente.
Me llamaría de inmediato la atención, que todas las ideas políticas de Locke se basaban en la liberación del individuo. Ese hombre que era propietario de poderes sin desarrollar, pero de un calibre superior y, sobre todo, habían evitado les impusieran las ideas que provocaban aceptar, lo que después de unos años, Nietzsche llamaría la moral de los esclavos, mojándoles la pólvora de su espíritu libertario. Locke, fue un filósofo muy admirado por Baruch Spinoza y Arthur Schpenhauer, y cuando fallecía Schopenhauer en 1860, Nietzsche a sus 16 años ya era su gran admirador, quien se listaba también como lector de Locke.
Spinoza sería el primero de los filósofos muy leído en las colonias inglesas del nuevo mundo. Sin embargo, tratando de descifrar el misterio de esa sociedad americana tan diferente, me llevaría a pensar que era semejante a lo que siempre describiera Nietzsche. La voz de Nietzsche, en uno de sus libros, reclamaba, acusaba, señalaba la moral de los esclavos desangrando a Europa con su nihilismo y, con urgencia, necesitaba su ubermensch, que para mí sería Andrew Jackson. En EU veían cómo cuestionaba todas las bases de la sociedad europea, sus nebulosos valores, y pedía con urgencia ese superhombre que liberara al hombre de las cadenas religiosas.
Ese superhombre que, después de vivir en soledad, no solo desbloqueaba el potencial de su cerebro, también encontraba la verdad (la suya, no del estado) no para contemplarla, sino actuarla fabricando esos hombres solitarios que, al encontrar la luz, decidían compartirla (no solo gritarla) En sus caminos uno de ellos encuentra un viejo ermitaño (moral cristiana) y le informa lo que estaría haciendo, el viejo se espanta y le advierte que dios lo castigaría. Nietzsche le responde, Dios ha muerto, refiriéndose a la moral cristiana obsoleta.
El solitario, sabiendo que el hombre tiene ese poder que le han neutralizado, iniciaba su intento de compartir su secreto, pero era rechazado. Se da cuenta que la gente estaba cómoda en su mediocridad, en el más vale malo conocido que bueno por conocer. Ve la mediocridad de la multitud que prefiere las mentiras que la excitan, no la profundidad de sus ideas que requieren esfuerzo, y prefieren pan y circo que un encuentro con la realidad. Con claridad le dicen preferir lo mediocre seguro, que una incierta posibilidad para, en medio de la ruina, poder mejorar sus condiciones terrenales.
Se da cuenta es una sociedad donde la muerte es reina, pues ellos rechazan avanzar en la vida para aspirar el premio del reino de los cielos solo después de la muerte. Entonces, en la tierra aceptan el sufrimiento porque es el precio del paraíso. No podía creer que la gente le diera ese sentido y precio al sufrimiento para ganar la salvación. No puede entender que se nieguen a la vida, que se paralicen toda una vida esperando algo mejor. No podía creer un mundo dominado por el temor y la culpa que son dos venenos letales que todo destruyen. Y cuando el hombre siente culpa, es fácilmente seducido por esos falsos iluminados que toman la figura del salvador tan esperado. Y entregan vida, futuro a los falsos iluminados.
El caso de Mexico es todavía más patético, en Europa si pudieron conocer esa elusiva verdad, la verdadera libertad. Ellos conocieron a Bastiat, Adam Smith, Voltaire, Mises, Hayek. Pero en Mexico jamás la hemos conocido. Primero la tiranía del Imperio Español y de la iglesia católica, después los revolucionarios que hasta una constitución marxista nos heredaron, ahora los peores criminales y ladrones de la historia. Lo que impide a los mexicanos el iniciar su vuelo, es la carga tan pesada del conformismo, la dependencia, la nula individualidad, el derrotismo.
Y para poder iniciar el vuelo, primero hay que deshacerse de la pesada carga que nunca lo ha permitido. Y el más pesado de los objetos, es ese ídolo que llamamos estado. Ese estado atrapado por un demente inmoral, sofocando al individuo, la libertad y el futuro de 130 millones de mexicanos.
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