Soy hijo de los atajos y las veredas, el monte es mi guia en mi caminata, mi vida es siempre alegre cabalgata, y me gusta respirar esas polvaderas
YO PECADOR ME CONFIESO A NIETZSCHE. JORDAN, JESUS, EN ETIOPIA.
Ricardo Valenzuela
Esa noche, al final de su primer día Jung en Etiopia, en sus notas Jung describía la euforia que lo invadía al haber descubierto que Jesus había sido un gran experto en el área de física cuántica en psicología para la emergencia del alma, y también para avanzar más allá de nuestro mundo material. Ese mundo donde solo operan nuestros sentidos, el mundo de la física de Newton donde todo lo que deseamos lo buscamos a través de nuestros cinco sentidos, siempre operando en este mundo de lo material. La vieja idea económica de sus factores tierra, trabajo y capital. Era la Acción Humana de Mises mezclada con la filosofía Deus Sive Natura de Spinoza.
Porque, la física cuántica nos había enseñado que no solo tenemos una conciencia igual, cuántica, la que no reside en el cerebro, sino que el cerebro es la herramienta que utiliza para manifestarse. Y esa conciencia tiene el potencial para modificar la materia. Tal vez por eso Marco Aurelio afirmaba, “tú eres lo que tu piensas”. Era lo mismo que Jacobo Grinberg afirmaba cuando acudía a los ejemplos de chamanes con poderes que, inclusive, podían curar las peores enfermedades de la gente, porque, de alguna forma, habían logrado conectar esa fuerza universal de posibilidades celestiales que el mismo había atestiguado.
Lo que la Torre de Babel puede enseñarnos sobre economía

La división del trabajo permite que la sociedad se desarrolle.
Uno de los mitos más conocidos sobre el origen de las lenguas humanas tiene sus raíces en el antiguo mundo abrahámico. Según este relato, tras el Gran Diluvio que destruyó a una civilización soberbia, surgió una nueva generación para poblar el mundo renovado. Esta nueva sociedad, sin embargo, advirtió que podía alcanzar una vida mejor si no se dispersaba por toda la Tierra, sino que permanecía unida. En cuanto percibieron la posibilidad de lograr mayores niveles de desarrollo, quedaron cegados por su propio esplendor y comenzaron a verse como iguales a su Creador. En respuesta, Dios destruyó sus planes para obligarlos a reconocer su condición humilde. Esta historia contiene una lección implícita de economía.
«Ea, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra; y dejaron de edificar la ciudad» (Génesis 11:7–8, RVR). La civilización de la tierra de Sinar se desintegra repentinamente, y con ella también la división del trabajo entre su pueblo. Su organización social colapsó; ya no podían construir su ciudad. Todo se detuvo, y las personas comenzaron a dispersarse por las tierras de la Tierra hablando sus nuevas lenguas dentro de clanes ahora cerrados. Más allá de las interpretaciones morales, podemos observar un hecho social ya conocido por aquella población: la cooperación incrementa la calidad de vida, y el aislamiento genera pobreza.
YO PECADOR ME CONFIESO A NIETZSCHE. JORDAN, JESUS. PRIMERA
Ricardo Valenzuela
El haber encontrado a Joran Peterson, con el transcurso de los días he remachado mi confirmación de lo milagroso que se pueden tornar algunos eventos. Porque, además de una gran admiración por Carl Jung, nos une otro simbolismo importante, los dos somos sobrevivientes de adicciones que, siguiendo uno de los consejos de Jung, bajamos a ese horrible infierno decididos a enfrentar nuestros demonios para derrotarlos, y así emerger transformados.
Porque, como me afirmara Larry Kudlow hace años, otro sobreviviente de adicción y exasesor económico de Trump, los exadictos tenemos tesoros especiales porque, en estas batallas cuando emergemos victoriosos, además de una nueva perspectiva de la vida, desarrollamos un lenguaje especial que nadie entiende. Y ese lenguaje ha facilitado que, en una segunda tanda, regrese a los mensajes de Jung con la ayuda del más importante de sus discípulos para entenderlos mejor. Jung no buscaba milagros, sino la verdadera psicología cuántica y sagrada de Jesús. Y solo una mente, como la suya, podría interpretarlos.
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