Ricardo Valenzuela
La película mexicana, Ley de Herodes, nos muestra el reino de los pendejos en toda su dimensión. “El ministro de gobernación debía decidir enviar nuevo alcalde a un pueblo donde la gente había linchado al que estaba en funciones. El asistente inicia presentando candidatos con sus expedientes. Todos impresionantes, abogados, economistas, doctorados, pero el ministro los rechazaba. De repente, el asistente toma un expediente y lo hace a un lado diciendo, “este no”.
El ministro molesto le reclama ¿Por qué este no? El ayudante le responde, “porque es muy pendejo.” Al ministro se le ilumina el rostro y casi gritando le dice, “este es el que necesitamos hay que enviarlo ya,” solo porque era pendejo. Un defecto que luego eliminaría al tener que enfrentar a un pueblo de pendejos y corruptos. Era la clara representación de la realidad de una sociedad de políticos, narcos y pendejos.
Y ante el gran éxito que redituaba la conversión de pendejos, el primero que saltaría con la idea de un poderoso instrumento para consolidar, expandir y asegurar, el nuevo mundo de estos pendejos. Ese mundo que Constantino, emperador romano, sabía le redituaría más que sus potentes falanges con las que se había construido el imperio. Era un instrumento que el emperador jamás imaginó su trascendencia. La sociedad de gobiernos con la iglesia que cubriría el mundo. En el Concilio de Nicea se condenaba un mundo invadido por pendejos.
Al haber hecho mi primer descubrimiento identificando la plaga de pendejos que tanta influencia ejercen en el mundo, ahora debía descubrir las causas que han provocado esta ruta constante y progresiva hacia la destrucción. Y como una señal del cielo, el inicio de esta nueva ruta se me presentaba en dos figuras distintas de pendejos. Un supuesto intelectual admirador de mis ideas, y un funcionario importante del gobierno de mi estado.
Ante mis afirmaciones de una Cuba en crisis, ambos de inmediato desenfundaron el arma de los fidelistas asegurando que, lo que mantiene a los cubanos en la miseria, es el cruel embargo comercial que mantiene EU sobre ellos. Mi pregunta para ellos debía haber sido. Pero, además de EU en el planeta hay otros doscientos países, ¿Por qué Cuba no comercia con ellos? EU solo representa un 29% de la economía mundial, el resto representa más de un 70% que comercian con todos si tienen algo para comerciar. No la hice porque no quise perder mi tiempo.
Pero estos dos personajes son parte de ese grupo de pendejos que no piensan, solo repiten lo que han escuchado del rebaño o han leído en los diarios de pendejos. Son parte de esa masa en la cual, entre ellos, se facilitan los medios y situaciones que les evitan pensar. Porque no lo necesitan, ellos solo reciben el script que deben de repetir, pues, se lo han aprendido de memoria. No requieren pensar, ni analizar, mucho menos cuestionar, porque eso sería desobedecer sus órdenes. Este tipo de personajes, al recurrir al bloqueo para justificar el hambre de los cubanos agredidos durante casi 70 años, muestran su irresponsable ignorancia. Pero, pobrecitos, son el resultado de ese pensamiento que ha muerto reviviendo pendejos.
Es el resultado de siglos obedeciendo el cencerro de la iglesia, creando culpas y vendiendo perdones. Es el resultado de la explotación de países atrapados por el hegelianismo que se ha implantado con el objetivo de apendejar a sus sociedades. Esa destructiva filosofía, fuente del nazismo y del marxismo con los que se ha infectado al mundo. Y, en el caso de México, desde que se implantara la constitución de 1917 con su educación socialista, aunque después lo “eliminaran,” el daño ya estaba hecho y el resultado fue el rebaño descerebrado de diferentes pendejos.
Porque el hegelianismo glorifica al Estado, su vehículo para la diseminación de las ideas estatistas en educación, la ciencia, la política y la economía. Esas ideas que han apendejado a la sociedad desde su importación de Prusia a inicios del siglo 20. Las ideas que en EU destruyeran la herencia de sus padres fundadores con su liberalismo clásico—el Estado debía estar subordinado a la gente—para sustituirlo con ese hegelianismo donde el Estado es supremo y el individuo solo existe para servir a ese estado opresor. La suerte estaba decidida y los pendejos aplaudían.
Un esquema en el que se odia a los pensadores solitarios, esos espíritus libres que habían liberado al hombre de las ancestrales cadenas “morales” de la iglesia, de ese veneno que intoxicara a la manada que no piensa, solo sigue la moda, la costumbre de lamer el arado. Porque el rebaño no necesita pensar, solo consumir lo que se le entrega. Y, lo más dramático, los más pendejos, al asumir esa conducta, piensan que son libres, que reparten justicia y solidaridad social. Para eso tienen la sabia fórmula que les imponen ahora acompañada con likes en Facebook. Una filosofía exitosa produciendo actores que con sus máscaras representan diferentes papeles de pendejos.
Son los que viven en piloto automático siguiendo a la arriada. Pero, lo más grave, en su ignorancia creen ser propietarios de sabiduría, que tienen todas las verdades y sus máscaras son de una gran variedad, morena compasiva, talibertarios recitando frases que no entienden, conservadores, pero, al manotear, y siempre amparados en el rebaño donde se pierden, donde evitan las consecuencias y, si de culpas se trata, acuden a bloqueos abusivos. Porque, como afirmaba Pascal,” todos los problemas de la humanidad se provocan con nuestra incapacidad de estar solos en una habitación.” Por eso los grandes pensadores siempre han sido los peligrosos solitarios.
Porque ese ideal de Nietzsche, el ubermensch, siempre evita la manada porque lo limita, lo encarcela, lo devalúa. Y, solo hombres libres enfrentan esos lugares del interior que, esos atrevidos que los penetran, deben ir bien armados. Pero, para el ubermensch su soledad es diferente, es su compañera, porque no es impuesta, es decidida. Porque su mundo interior está bien estructurado y se dan cuenta de dos ventajas, “pueden estar con ellos mismos sin estar con otros.” La soledad expande sus mentes, establece espacios que los protegen de los rebaños. Y esos rebaños, los implementaron quienes evitan que la gente piense.
Por eso Facundo Cabral temía tanto a los pendejos y cuando le preguntaran ¿Por qué? Afirmaba, “porque son muchos. Son tantos que hasta eligen presidentes.” Así ese rebaño ha maquilado la toma de control global sirviendo a quienes los programaron. Y, han sido tan efectivos, que han creado el programa de sus especializaciones.
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