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MI ENCUENTRO CON EL BEATO CARLO ACUTIS

Ricardo Valenzuela

Carlo Acutis: a 14 años de su muerte, muestran que está preservado el cuerpo  del joven que fue beatificado - LA NACION 

Jamás en mi azarosa vida me hubiera imaginado que, a un cierto punto de este camino, me hubiera sentado a escribir una nota como la que escribo en estos momentos, sobre todo, después de un largo periodo de mi retiro de la iglesia por infinidad de razones que me llevaron, inclusive, a considerar que tal vez pudiera ser ateo. Pero, cuando alguien me recomendara acudir y leer los famosos evangelios perdidos y encontrados en 1947. Y al proceder, ya siendo lector de filósofos atrevidos como Nietzsche y Spinoza, hacerlo provocó una rara apertura de mi mente y, sobre todo, la urgencia de buscar algo más que abriera esta enorme y nueva circunferencia ante mí. 

Al mismo tiempo que iniciaba mis nuevas reflexiones, empecé a recibir avalanchas de información de un chamaco italiano de solo 15 años, Carlo Acutis, que falleció en el 2006 y fuera beatificado en 2020 después de certificar varios milagros. Después leía cómo su madre, Antonia Salzano, afirmaba que, desde niño, Carlo, gran devoto de la santa eucaristía, afirmaba que era su carretera hacia el cielo y hacía comentarios proféticos sobre su muerte. En particular, decía que moriría sonriendo cuando pesara 70 kilogramos, que fallecería a causa de la rotura de una vena en el cerebro y que siempre permanecería joven. Todo ello se cumplió de acuerdo con lo que había anunciado.

MEDICINA DE JESUS PARA LA SABIDURIA

Ricardo Valenzuela

Why It's Stupid to Pit Paul Against Jesus | Canadian Bible Guy 

Hace solo unas semanas al tener la oportunidad de observar el sepelio del papa Francisco, me provocaba una reacción verdaderamente poderosa. No podía creer que gran parte de los poderes del mundo acudían a un homenaje para un hombre que, lejos de haber aportado algo positivo para la humanidad, habría sido parte importante de ese poderoso andamiaje en ruta hacia la modificación de la humanidad. Y mi reacción no fue algo novedoso, fue algo especial provocado por una vieja rebelión que hacía algún tipo de aterrizaje. Una rebelión en la que había aprendido que mi lucha estaba equivocada, pues el verdadero infierno que debemos combatir estaba en nuestro interior.  

Tenía ante mi vista a todo el poder mundial en el Vaticano rindiendo tributo a uno de los peores. Un Papa infiltrado que de forma increíble abonaría las luchas de los odiados filósofos como Spinoza, Darwin, Nietzsche y Schopenhauer. Ellos que al unísono afirmaban el entreguismo y la cobardía no era un fenómeno social, sino una vil traición y el abandono de la voluntad para actuar con ese bravo propósito que define la esencia humana. El hombre rebaño no solo sigue; se complace en seguir encontrando en la conformidad una anestesia contra la angustia de existir y renuncia. El gran campo fértil para la oligarquia global.