UN MUNDO RAQUITICO DE SU SANGRE, MORAL Y DIGNIDAD
Ricardo Valenzuela
“El enano dispone de un medio excelente para ser mayor que los gigantes: solo se encaraman sobre sus hombros para gritar”.
Victor Hugo
Cuando a mis 16 años y ya en puerta mi viaje a Monterrey para iniciar mi educación profesional, con la clásica confusión de un chamaco de esa edad, le informaba a mi padre que había decidido estudiar economía. Me respondía sabiamente ese hombre educado en Europa entre el Liceo Real de Bruselas, la Universidad Libre de Bruselas, y el London School of Economics de la siguiente forma. “Un economista en este confundido pais, si no porta credenciales marxistas, no tendrá oportunidades porque, entre otras cosas, es una carrera que apenas está debutando y el sector privado no la entiende. Me parece que la carrera de negocios te daría herramientas más demandadas”.
Pero, después de analizar la posibilidad y con mi gran interés por la economía, para decidir equitativamente, le informaba que estudiaría ambas puesto que, los primeros cinco semestres, sus planes de estudio eran casi idénticos. Y, acudiendo a los programas de verano, podría terminar las dos carreras. Mi padre había sido alumno del gran Hayek en el LSE, entendía mi entusiasmo y me hacía algunas recomendaciones. Porque, según él, la economía requería también el estudio profundo de otras ramas como filosofía, historia, sociología y, sobre todo, psicología citando la obra de Mises, la Acción Humana, que claramente la definía.
EXPERIENCIAS CELESTIALES
Ricardo Valenzuela
Hay veces en la vida que, como el poderoso rayo de una tormenta en la media noche nos hace despertar de un profundo sueño, saltar de la cama, no provocado por lo que se pudiera ligar a cierto peligro, sino por algo más especial y darnos cuenta de que, aun ante lo que parecen esas infernales conductas de la naturaleza, nos presenta la oportunidad para que, con una visión especial, podamos apreciar la belleza que nos ofrece, nos invada una calma desconocida y nos impulsa a salir para que la lluvia nos acaricie el rostro.
Hace unos días tuve una experiencia como esa que necesité meditar para realmente apreciarla. Yo aceptaba, casi a regañadientes, participar en una reunión cibernética organizada por un amigo respetado y admirado y, después de establecer la conexión, casi como un culto secreto, sin presentación o identificación de los que asistíamos, el anfitrión hace la presentación del primer expositor.
Esta charla estaría a cargo de un hombre llamado, John Davis, un individuo que a primera vista no impresionaría. Un tipo totalmente calvo que yo adivinaba con algunas libras de exceso, de barba muy poblada casi con apariencia de Santa Claus. De inmediato se identificaba como católico en rehabilitación. Al ir avanzando su charla, yo me di cuenta de que era un verdadero experto en religión. Lo que este hombre exponía, no solo me impactaba, provocaba que el nivel de mi atención explotara como pocas veces. Con gran respeto hablaba de otras religiones e inclusive, con admiración por el hinduismo y particularmente del famoso Yogananda.
EL MILAGRO FILIPINO DE UNA JOVEN MUJER, ALEX EAIA
Ricardo Valenzuela
Hace poco más de un año, sucedió algo que tiene a muchos expertos en los diferentes campos donde actúan las sociedades, con la boca abierta y un sabor desconocido. Un evento que, no solo sorprendería, sino así los ha mantenido porque todavía no lo han podido descifrar, ni con las más potentes formas de inteligencia artificial a las que acudieran por ayuda. Un evento protagonizado por una joven tenista originaria de las Filipinas, quien se encontraba en la elegante oficina de una de las marcas deportivas mas exitosas del mundo, Nike. Evento que sería el inicio de una inspiradora historia que ofrece un gran aprendizaje.
La chica estaba rodeada de ejecutivos, abogados, reporteros, publicistas, en donde le presentaban un contrato que debía firmar, para así dejar establecida una supuesta sociedad entre ella y la empresa con un valor de $75 millones de dolares, una increíble fortuna para una joven de familia humilde en un pais pobre que, sin duda, garantizaba su futuro. Pero, sucedería lo increíble, la joven tenista se daba cuenta no era sociedad, era su compra, sin dejarse presionar por el imponente ejercito que enfrentaba, el champaña listo para celebrar, y una elegante secretaria ofreciéndole una pluma, tajantemente la rechaza.
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