Ricardo Valenzuela
En estos momentos en que los hermanos venezolanos se enfrentan a ese horrible apocalipsis, en los que Mexico ya de forma descarada ha caído en manos del narcotráfico, que la ola global del wokkismo avanza destruyendo sociedades. Emerge algo más evidente que la destrucción que se esta llevando a cabo con etiqueta de ese diabólico socialismo, el gran cinismo con el que manejan sus conductas sus actores ante lo que lo que destruyen que, como buenos psicópatas, no solo evaden la culpa, sino que las describen como logros que les provoca gran orgullo.
Un fenómeno especial que se suma a la fingida incapacidad de reconocer responsabilidad en las destrucciones provocadas, sino que, aun ante las evidencias que los condenan, siempre lejanas a los datos, números, estadísticas, inventarios que los pudieran confrontar, con ese gran cinismo sonríen ante sus ataques por el mundo. Y, sobre todo, con la seguridad de no sufrir algún tipo de consecuencia, simplemente los barren debajo de la alfombra ante sociedades inmovilizadas y sieguen avanzando con sus mismos argumentos.
Pero, aun con un poco de toque de la realidad acusatoria, para sobrevivir en el fango deberían de inventar herramientas como ese cinismo, la demagogia, la desvergüenza, la falsificación de sus realidades, para, al mismo tiempo que explotan sus barrabasadas, ni siquiera tengan ya necesidad de ocultarlas. Si no que, al estilo medieval, archivando las herramientas que sostienen a la lógica, la razón, la realidad, se atreven a presumir cubiertos de la desvergüenza, en algo semejante a conductas de seres enfermizos que sienten placer del sufrimiento de otros. Son la máxima expresión de un raro masoquismo del sufrimiento ajeno.
Pero hay que reconocerles la gran habilidad para, de forma inexplicable, azotando la razón han formado esos ejércitos de zombis que, sin fingirlo, se convierten en porristas más efectivos que las del equipo Cowboys de Dallas, totalmente convencidos que defienden esas grandes verdades que les implantan en sus débiles cerebros. Esa masa donde les han congelado la región donde reside la capacidad de razonar, del uso de la lógica, para sumarse al rebaño de los idiotas tan útiles con cerebros calcificados tan agradecidos.
Ellos son esos zombis especiales que, cegados, aparecen en los escenarios y, totalmente ignorantes de las evidencias, de datos, estadísticas, simplemente, al estilo del Peje, los inventan para desenfundarlos ante auditorios igualmente programados sin que haya quien los confronte y siga creciendo la nube de esa fatal ignorancia que tanto les favorece. La famosa ola de las expectativas irracionales que construyen. Y esta desgracia de las victimas del asesinato de cerebros, tiene grupos y categorías.
Y el mas letal de ellos, no es el formado por esos soldados rasos enviados al frente de batalla con una furia casi religiosa. Sino sus lideres que, lejos de estar programados, tienen objetivos muy claros, conocen bien los campos donde operan, saben bien que todo lo que afirman y promueven son falsedades, pero, igualmente saben que son las tácticas mas efectivas para sus diabólicos objetivos. Y, conscientes de sus mentiras, defienden lo que es indefendible siempre apuntando su hipocresia a ese mercado que las recibe como mandamientos, las clases oprimidas que no se dan cuenta ellos son los opresores.
Son los apóstoles del Peje que cambian de partido como cambiar de calzones con ejemplos como el gobernador de Sonora, las otoras estrellas del PAN como Barrientos, otros renegados del PRI como Bartlett, Monreal y muchos otros. Siempre listos para al ser confrontados en sus debates, ante un acorralamiento de datos y evidencias, simplemente desenfundan su tónico salvador; “yo tengo otros datos”, siempre protegidos por sus valores falsos. Porque para permanecer en la ubre de esa sucia política, necesitan ser cínicos, hipócritas, falsos.
Y para llegar a ese vergonzoso escenario donde se celebra ese circo del cinismo en toda su dimensión, podemos rastrear sus huellas en la historia de la moral y veremos un rasgo común, el gran esfuerzo de llevar esos valores morales a la hegemonía sobre todos los demás, para convertirlos no solo en guías y jueces de la vida. Sino también del conocimiento, de la educación y de aspiraciones políticas y sociales. Fingir ser mejores, la única tarea, y todo lo demás un medio para ese fin (perturbación, dificultad, peligro) y por consiguiente, combatirse hasta su destrucción y asegurar el mandato eterno de los peores de lo peor.
¿Qué significado se puede dar a esos valores morales, a esa podrida voluntad de poder que ha surgido? Hay tres potencias ocultas. El instinto de rebaño contra los independientes solitarios. El instinto de los sufridos contra los felices. El instinto de los mediocres contra los eficientes etiquetados como malditos privilegiados. Un movimiento con muchas ventajas. Cualquiera que sea la dosis de crueldad, falsedad y maldad, dado que la historia de la lucha de la moral contra los instintos naturales de la vida siempre ha sido la mayor inmoralidad que ha existido sobre la faz de la tierra.
El resultado falso de cada hombre objeto de otro, es lo que estos cínicos han sembrado y aprovechado. El otro problema “tu debes” no se fundamenta y se parece más al instinto sexual, no debería caer bajo la sanción de los instintos, debe ser tu ley y tu juez. Con el mandato de la igualdad se pretende olvidar que todos tratamos de distinguirnos, y no debemos ubicar nuestras exigencias como los demás. Es algo absurdo, pero nos quieren obligar etiquetándola sagrada y superior en rango. El sacrificio y abnegación como objetivos de obediencia absoluta a la moral, y la igualdad de todos es la castración total. Nunca debemos abandonar el bienestar y ni amor por la vida por una falsa valoración.
Y con Dios como sanción absoluta que los cínicos, en su hipocresia engañosa, nos ordenan aceptar, yo pregunto ¿Quién habla? Y me respondo yo mismo, habla el instinto de rebaño y quiere todo el señorío y, en consecuencia; ¡Tu debes¡ solo significa que el individuo no tenga otro valor más que su relación con el todo, en provecho del todo, odiar la libertad y la independencia individual, que siempre resulta en el odio de todos los individuos contra ellos mismos, el gran objetivo de los cínicos casi logrado.
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