Ricardo Valenzuela
“El individuo se ve desarmado al enfrentarse a una conspiración tan monstruosa, que no puede considerar sea una realidad”.
J Edgar Hoover. FBI
Al inicio de la década d los años 60, Kissinger pronunciaría dos potentes frases para la historia: “el socialismo estará falleciendo después de haber causado tanta pobreza y sufrimiento alrededor del mundo, y, ya derrotado, pasará a ser recordado como responsable de la agresión más grande sufrida por la humanidad”. Tal vez lo hacía sintiendo culpa pues había advertido con otra: "No veo por qué permanecemos varados permitiendo que nuestro país “sucumba al comunismo debido a la ignorancia y cobardía de su propio pueblo". Sin embargo, le seguiría la gran expansión de un nuevo socialismo más destructor.
Y la pregunta debería ser ¿Cómo fue posible que algo tan ilógico y destructor se adueñara de la mente de gran parte de la humanidad en tiempo récord? Porque aquellas hermosas historias con las que se cubrió al mundo cuajadas de compasión, justicia, generosidad, era el falso papel con el que envolvieron el paquete más irrazonable, ilógico y destructivo, blandiendo la igualmente falsa bandera del rescate de la humanidad de sus verdugos. Pues en aquellos momentos esa humanidad ya estaba contagiada del virus mental preparado en el siglo 19, por un hombre que se debería de etiquetar como el azote del mundo, Carl Marx.
