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DIÓGENES, EL CANTINFLAS DE ATENAS

Ricardo Valenzuela

The Living Philosophy of Diogenes the Cynic 

Siempre que se pronuncia la palabra, filosofía, de inmediato acude a nuestra mente las figuras de los grandes pensadores que, con cierta capacidad monopólica, nos los mostraban como los cinceladores de la humanidad en aspectos políticos, retóricos, militares, moral etcétera. Así hemos conocido a Sócrates, su alumno Platón, Aristóteles y muchos de sus seguidores ya en el Partenón de la inmortalidad.   

Sin embargo, pocos han conocido a Diógenes de Sinope. El discípulo más destacado de Antístenes, fundador de la escuela cínica. Dado que no existe ningún escrito suyo, ha sido posible reconstruir sus ideas a través de múltiples anécdotas que reflejan más un modo de vida que un discurso filosófico articulado, pero, de gran profundidad. Bautizado por Platón el “Sócrates en la locura,” Diógenes siempre descalzo y vistiendo una capa vivía en un tonel, rechazando los convencionalismos, los honores y riquezas e incluso toda tentativa de conocimiento; para él, la virtud era el bien soberano. Objeto de burla y también respeto de los atenienses, para el estoico Epicteto fue un gran modelo de sabiduría.

LA SOLEDAD DEL PERRO

Ricardo Valenzuela

Archivo:Caspar de Crayer Alexander and Diogenes.jpg - Wikipedia, la  enciclopedia libre 

Uno de los personajes más desconocidos en la historia de las ideas, fue un filósofo verdaderamente especial y diferente a los que permanecen en ese olimpo de los grandes. Su nombre era Diógenes, el perro, que viviría durante el siglo IV AJ. Un hombre que la gente identificaba como orate y el pensamiento que representaba se le conocería como el cinismo. Un hombre que, al analizar su vida de protesta, nos daremos cuenta de que, hace 2,300 años, nos enviaba una advertencia de la forma en que la sociedad avanzaba hacia los infiernos del futuro, que se ha convertido en nuestro presente de incongruencias y amenazas. 

Ese hombre que decidió vivir como vagabundo en Atenas. Pues, para él, la virtud era el bien soberano. Los honores y riquezas eran falsos bienes que había que despreciar. El principio de su filosofía consistía en renunciar a lo convencional que todo mundo buscaba y no era de su naturaleza. Afirmaba que el sabio debía tender a liberarse de tantos deseos y reducir al mínimo sus necesidades. De día caminaba por las calles con una lámpara encendida diciendo que “buscaba hombres honestos”.  Diógenes muy pronto superó a su maestro Antístenes, discípulo de Sócrates, en reputación y austeridad en el modo de vida que había decidido. Al contrario que los otros ciudadanos de Atenas, vivió evitando los placeres terrenales.

LA CIA, INFIERNO EN LA TIERRA (Primera parte)

Ricardo Valenzuela   “Por algún tiempo he permanecido observando la forma en que la CIA, abiertamente y sin control, ha estado abandonan...