Ricardo Valenzuela

En aquel junio de 1963, en la ciudad de Berlin Occidental, el presidente John Kennedy, ante la erección del diabólico muro que dividiría la ciudad entre oriental y occidental, pronunció uno de los discursos más inspiradores, significativos y, sobre todo, premonitorio de la historia de la humanidad. Tres meses después sería asesinado en Dallas, Texas.
“Si hay algunos que todavía no entienden la diferencia entre libertad y la opresión del comunismo ¡Vengan a Berlín! Si algunos todavía afirman que el comunismo es el futuro del mundo. ¡Vengan a Berlín! Si algunos todavía dicen en Europa se puede trabajar con los comunistas. ¡Vengan a Berlín! E incluso si todavía hay quienes piensan que el comunismo es un sistema maligno, pero aun así permite que todos podamos progresar económicamente. ¡Que vengan a Berlín!











